• Leandro Merlo

CHARLA SOBRE DESPENALIZACION DEL ABORTO: DILEMAS BIOETICOS. EN LA UBA



En el Salón Azul, el pasado 2 de mayo se llevó a cabo la charla “Despenalización del aborto: dilemas bioéticos”, organizada por la Asociación Argentina de Filosofía del Derecho y el Seminario de Investigación Permanente en Bioética del Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales “Ambrosio Lucas Gioja”, con el auspicio del Departamento de Filosofía del Derecho de la Facultad. De la misma, participaron Jorge Berbere Delgado (Universidad de Buenos Aires), Paola Bergallo (Universidad Torcuato Di Tella), Zelmira Bottini (Universidad Católica Argentina), Martín Farrell(Universidad de Buenos Aires), Pablo Glanc (Universidad Nacional José C. Paz), Noemí Goldsztern de Rempel(Universidad de Buenos Aires), Nicolás Lafferriere (Universidad Católica Argentina), Padre Rubén Revello (miembro del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina), Pablo Vadori (médico pediatra de la Universidad de Buenos Aires) y Rabino Abraham Skorka (rector del Seminario Rabínico Latinoamericano en Buenos Aires).

Enrique Zuleta Puceiro destacó la importancia de debatir sobre el aborto en el marco de la Facultad, no solo porque se trata de un tema que está en el centro de las demandas de la sociedad, sino también porque se encuentra actualmente en el centro de las decisiones de política legislativa. “Rara vez desde la transición democrática para acá hubo un tema que tan profundamente cale en los intereses de absolutamente todos los argentinos y comprometa tantas perspectivas. La perspectiva del derecho es una lectura no solo pertinente sino muy importante. No solo porque se trata de reforma legislativas, sino también porque el derecho es una técnica que las sociedades contemporáneas de administración de la complejidad. El derecho evita que este tipo de debates se convierta solo en conflicto de absolutos”, manifestó.

Jorge Berbere Delgado afirmó que vivimos un momento de “profundas transformaciones de las identidades en función de las condiciones procreativas, la anticoncepción generalizada y la procreación artificial y muchas otras cuestiones que se debaten fuertemente en el plano bioético”. En ese sentido, sostuvo que “estamos en plena crisis del orden simbólico, nos encontramos frente a la dificultad de construir un orden normativo eficaz éticamente reconocido por todos”. La discusión por la problemática del aborto se inscribe en este contexto. “No podemos escapar a que es un hecho social, un hecho individual, personal y diríamos pulsional de la mujer (…). No soy abortista, pero no dejo de reconocer esta realidad individual, personal de la mujer y esta situación que trasunta la sociedad y debe necesariamente tener una respuesta. Su trascendencia tiene impacto como hecho fundamentalmente sanitario, de políticas públicas, donde se plantea un compromiso para salud pública, más aun en países periféricos como el nuestro, en países donde hay miseria, hay pobreza, marginación, vulnerabilidad.

Nicolás Laferriere se dedicó a comentar sobre los cambios que está experimentando el derecho a la vida que “que ya no es concebido en términos de principio inviolable sino como un derecho que admite excepciones a partir de una exaltación de la autonomía personal”. De esta forma, explicó que existen tres grandes líneas sobre el estatuto de la persona por nacer: una primera postura sostiene que el por nacer no es persona, una segunda que establece que hay un ser humano pero no tendría el estatuto de persona sino de un cierto interés jurídicamente protegido y una tercera que reconoce la vida humana pero ese derecho del por nacer no es absoluto sino que admite excepciones. “Cuando se admite en el fondo restricciones al derecho a la vida, lo que se está admitiendo son excepciones al principio que dice que no es lícito quitarle la vida deliberadamente a otra persona. Para mí es un quiebre profundo en las bases de la convivencia. Estamos ante un quiebre de las bases de la convivencia porque no estamos asistiendo a un debate de cuándo comienza la vida, sino un debate que dice hay vida pero la vida cede ante la autonomía personal. Esta tendencia a absolutizar la autonomía y a relativizar le derecho a la vida revela unos problemas antropológicos de fondo, subyace la idea de que la autonomía es el valor supremo”, concluyó.

Pablo Vadori recordó los debates en torno a la educación libre y el divorcio y las divisiones que aquellos temas suscitaron en la sociedad. “Ahora estamos viviendo una tercer etapa del déjà vu que es el aborto legal. Otra vez, las divisiones pasan por los partidos políticos, sociedades científicas, los estudios médicos. La discusión es si el aborto lo vamos a hacer en forma legal o en forma clandestina, y eso no es ni filosofía, ni derecho, no es antropología, eso es salud pública”. Asimismo, aportó cifras de un informe elaborado por Amnistía Internacional que indica que en Argentina se realizan 450.000 abortos por año. “Estas investigaciones han demostrado que pese a la prohibición del aborto, las mujeres y niñas continúan acudiendo a esta práctica”. Y corroboró estos datos con las últimas estadísticas oficiales del Ministerio de Salud de la Nación. “Hay algo que los ginecólogos viejos saben que cada diez abortos uno se complica. El Ministerio de Salud en 2016 registró que hubo 47.000 ingresos por abortos complicados y 43 muertes por abortos”, aseguró.

Zelmira Bottini se dedicó a analizar el impacto la aprobación de los proyectos en cuestión en el ejercicio de la profesión médica. “La labor del médico obligado a responder sin más a la solicitud de una mujer de poner fin a su embarazo invocando un presunto derecho inserto en el derecho a la salud queda reducida a una mera prestación de servicio”, expresó. Por otro lado, afirmó que modelo médico paternalista se ha ido modificando y actualmente “ha sido reemplazado por el de asesoramiento en cuyo marco al autonomía del paciente cobra preponderancia”. En ese sentido, argumentó que los proyectos de despenalización del aborto que se discuten en el Congreso producen un cambio sustancial ya que el médico se convertiría en un mero efector y lo obligan a olvidar su juramento de “custodiar la vida humana”. “De prosperar estos proyectos tendría que ser modificado el código de ética de la Asociación Médica Argentina. También habría que modificar parte de la nutrida normativa que toma el ejercicio de medicina”, enfatizó.

Paola Bergallo presentó un análisis de derecho comparado a nivel regulatorio y constitucional de las legislaciones sobre el aborto desde una perspectiva socio-jurídica. “Las regulaciones sobre el aborto se diferencian entre las que no regulan el derecho penal y las que optan por el derecho penal. Entre las que no regulan el derecho penal, tenemos regulaciones como la holandesa o la canadiense, que establecen períodos o plazos, reglas, pero no usan el derecho penal para hacer política pública del tema. Y después otros países como China que no tienen ningún tipo de regulación”, sostuvo.

El estudio comparativo contempla una serie de dimensiones pertinente para analizar el momento en que una sociedad decide reformar su legislación en relación con el aborto: el conjunto de discusiones que establecen los alcances del derecho penal, las justificaciones empleadas, quiénes son los actores que lideran los procesos de reforma. En el caso de nuestro país, Bergallo planteó que “tanto en lo que permitimos como en lo que restringimos, hemos demostrado demasiados dobles estándares, incongruencias e inconsistencias a la hora de proteger la vida de las mujeres, sus derechos que veces son poco mencionados en los discursos quienes se preocupan mucho por la vida en gestación (…) y también en hemos sido poco sensatos en proteger la vida gestación. Proclamamos mucho que nos interesa, pero que a la hora de prevenir situaciones de aborto dando educación sexual para que las mujeres y las demás personas gestantes, que los varones también decidan sobre su sexualidad con o sin fines reproductivos”.

Pablo Glanc invitó a reflexionar acerca de la decisión de ética normativa que conlleva el proyecto de ley que propone legalizar la interrupción voluntaria del embarazo. “El derecho a la vida de un feto puede llegar a entrar en colisión con los derechos de las mujeres, si no hubiera ese conflicto social no estaríamos discutiendo, y los derechos de las mujeres que también son derechos fundamentales, son derechos humanos”. Luego planteó que “el derecho humano a la salud de la mujer tiene igual peso en abstracto que el derecho a la vida. Y el derecho a la salud de las mujeres, también podemos agregarles el derecho a la autonomía personal que es el derecho a poder decidir sobre su plan de vida”, planteó.

Luego, destacó que hay que “sacar el foco a la norma para mirar cual es el conflicto social que hay detrás y tratar de resolverlo. Todo queremos que haya menos abortos, pero no lo vamos a conseguir con la criminalización (…). La cantidad de abortos suele disminuir en aquellos países en los que se ha legalizado la práctica. Es mucho más fácil hablar de algo que no está prohibido, es mucho más fácil educar, dialogar, comentar, acerca de un tema que no está criminalizado”, concluyó.

Padre Rubén Rebello sostuvo que la discusión versa sobre “qué base elaboramos una ética: lo elaboramos sobre el consenso y entonces bueno será lo que decidamos que es bueno, esa sería una ética sin verdad o lo decidimos en base a algún elemento objetivo. Todas las corrientes éticas se dividen entre aquellas que se basan en el pacto social y aquellas que se basan en el reconocimiento de un elemento común, objetivo, racional que pueda definir qué es lo bueno y qué es lo malo”. En ese sentido, reconoció que “lo que aquí se discute es si en el caso de la mujer embarazada el Estado debe proteger el derecho de una o de las dos personas”.

Para finalizar, comentó que la discusión se resolverá en el momento en que los diputados y senadores voten en el Congreso. “Esto no quiere decir, no darán la razón a un grupo o darán la razón al otro. Sino simplemente construirán algo que no necesariamente va uno al bien o al mal sino a lo que la mayoría decida en esta etapa que es bueno o malo”, aseguró.

Martín Farrell afirmó quehace treinta años que no aparece ningún argumento nuevo respecto al aborto y destacó que el motivo de la convocatoria era la discusión sobre el proyecto de ley que se debate en el Congreso. En ese sentido, realizó una distinción. “Hay una diferencia entre la primera parte y la segunda del proyecto. Yo creo que el derecho de la mujer a interrumpir el embarazo tiene protección constitucional porque la autonomía tiene garantía constitucional, toda la estructura del derecho penal de la constitución es una estructura liberal y porque la autonomía es el valor supremo del derecho. En la primera parte del proyecto, yo no veo un derecho constitucional de la mujer”, aseguró.

Por otro lado, dejó entrever su inquietud sobre la aprobación del proyecto en el Congreso: “No me gusta mucho que quede en manos de los legisladores. Porque al composición de la Cámara de Diputados es democrática, pero no así la del senado. La composición del Senado es federal. Yo defiendo el federalismo para cuestiones federales. Pero el aborto no es un tema federal. El aborto tiene que decidirse en un distrito único en el cual cada argentino tenga un voto a su disposición”.

Rabino Abraham Skorka realizó una breve historizacióndel tema del aborto y manifestó que la vida existe desde la concepción, ya que se trata de una vida potencial: “Si bien es un ser que depende absolutamente de otro ser para poder llegar a desarrollarse”. , o sea, frente a esta disyuntiva de considerar si es un ser en gestación, pero no es un ser independiente.

En ese sentido, remarcó que recurría a Dios porque considera que “la verdad no la tenemos nosotros. Las verdades físicas, químicas y matemáticas son verdades porque las comprobamos (…). La obra de Dios que es entregada al hombre para que la trabaje y la cuide, como dice el libro del Génesis, y el libre albedrío que este posee, con el cual debe hallarse en las sendas que reflejan al mismo tiempo, el respeto por la obra divina y el drama de sus pasiones y afecciones”.

Para finalizar, afirmó: “Para el religioso, la vida es la obra de Dios. Para aquel que es agnóstico o ateo, podemos tener un denominador común: los valores humanistas. Todos tenemos los mismos derechos, las mismas obligaciones, las mismas prerrogativas. En una palabra, que la ley no distingue a uno del otro. Que la sociedad debiera trabajar dando las mismas posibilidades a todos”.

Noemí Goldsztern de Rempel planteó que la problemática del aborto se presenta un conflicto entre dos bienes constitucionalmente reconocidos: la vida y la autonomía de la voluntad. “Cómo hacemos para resolver cuando el conflicto es entre dos bienes, entre dos valores de igual consideración constitucional. La regla es la ponderación. Es resolver en cada caso concreto cuál pongo primer y cuál pongo después, sabiendo que estoy sacrificando uno, que los dos son valiosos, pero que en determinadas circunstancias, uno debe prevalecer sobre el otro”, aseguró.

En ese sentido, se preguntó por el objetivo del derecho: “No le corresponde al derecho decir cuando comienza la vida. El derecho tiene que responder cuando comienza a proteger esa vida (…). En ese continuo el derecho pone límites y los límites por definición son arbitrarios”.

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